La subsecretaria de Derechos Humanos llegó a las comunidades con cámaras, celular y un relato épico. Lo que no llegó fue el agua, la asistencia ni una respuesta concreta frente a problemas que el propio Estado conoce desde hace años.
Hay imágenes que explican más que cualquier discurso. Y en el Chaco salteño, una de esas imágenes parece ser la de una funcionaria caminando por el territorio mientras una cámara registra cada paso. La protagonista es Mirta Mejías, subsecretaria de Derechos Humanos de la provincia de Salta, quien recorrió comunidades originarias y mostró la visita en redes sociales. El problema es que, mientras la funcionaria llevó su equipo de comunicación, las comunidades siguen esperando algo bastante menos sofisticado: agua, asistencia alimentaria, salud y, sobre todo, respuestas.
La escena tiene algo de postal institucional. Mejías camina, observa, habla frente a la cámara y cuenta que están “caminando el territorio”. Todo acompañado por esa música épica que suele aparecer cuando una gestión necesita convertir una actividad rutinaria en una hazaña. El problema es que para muchas de las personas que viven allí caminar no es una metáfora de gestión ni una estrategia de comunicación: es una obligación cotidiana.
Hay familias que deben recorrer kilómetros para conseguir agua y alimentos. Hay comunidades que denuncian la falta de acceso a servicios básicos, problemas sanitarios, avance de la deforestación sobre sus territorios y conflictos vinculados con desalojos. Son cuestiones conocidas, denunciadas y relevadas una y otra vez.
Por eso la pregunta incómoda aparece sola: ¿qué llevó realmente la Subsecretaría de Derechos Humanos al territorio? Porque si la respuesta es que llevó cámaras para mostrar que existe una necesidad, el asunto adquiere una dimensión casi surrealista.
“Acá se ve la necesidad”, señaló Mejías durante la recorrida. Una frase que, fuera del encuadre de la cámara y de la música épica, resulta difícil de procesar. Las comunidades no necesitaban que una funcionaria les descubriera la necesidad. La conocen desde hace años. La padecen. La caminan. La cargan en bidones. La esperan en una salita sin respuestas. La enfrentan cuando el monte desaparece y cuando el territorio que habitan vuelve a estar en disputa. La novedad, en todo caso, parece ser que ahora la necesidad también llegó a Instagram.
Mejías y el Gobierno provincial hablan de “relevamientos”. Y ahí aparece otro problema: no parece faltar información. Las comunidades vienen planteando sus necesidades desde hace años. Los organismos estatales realizan relevamientos periódicos. Los diagnósticos existen. Los funcionarios conocen las dificultades. Los expedientes se acumulan.
Relevar una necesidad que ya fue relevada no transforma la realidad de quien la padece. Puede servir para actualizar una planilla, elaborar un informe o justificar una nueva recorrida. Pero si después del relevamiento el agua sigue sin llegar, el problema deja de ser la falta de información.
Mientras una familia necesita agua, el Estado muestra que “está caminando el territorio”. Mientras las comunidades reclaman respuestas frente a problemas estructurales, aparecen funcionarios hablando de relevamientos. Mientras la falta de acceso a la salud continúa siendo una preocupación concreta, las redes sociales reciben nuevas imágenes de funcionarios recorriendo lugares donde, aparentemente, acababan de descubrir que existen necesidades.
Y no es un detalle menor que la protagonista de esta puesta en escena sea precisamente la subsecretaria de Derechos Humanos.
El acceso al agua, a la salud, a una vivienda digna y a un territorio sin amenazas no se garantiza con una cámara encendida. Tampoco con una publicación prolijamente editada. Mucho menos con una música que convierta una caminata oficial en una especie de epopeya.
La gestión de Gustavo Sáenz parece haber desarrollado una particular habilidad para transformar la presencia estatal en contenido para redes. Funcionarios que recorren, funcionarios que “escuchan”, que “relevan”. La maquinaria comunicacional funciona. Lo que cuesta bastante más encontrar es el momento posterior: cuando se apagan las cámaras y alguien tiene que resolver aquello que fue mostrado.


