La sesión de ayer tuvo tiempo para todo, menos para ocuparse de los problemas complicados que azotan la provincia. Se aprobó la donación de un inmueble estatal al Club de Autos de Colección Salta, que ocupa el predio desde 2007, y la Cámara terminó entregando por ley un terreno que pertenece a todos los salteños.
No es la primera vez que la Legislatura encuentra razones para entregar tierras a instituciones privadas, que tienen recursos de sobra. Ahora les tocó a los coleccionistas de autos, que según la defensa hecha por la creadora del día de la empanada, Moni «puntera» Juarez, cumplen una función social y turística.
Ya ni verguenza tienen cuando hay que levantar la mano para acompañar al poder, sobran manos; cuando hay que discutir los problemas que afectan a quienes no tienen terreno, auto de colección ni contactos, el entusiasmo parece ser otro.
La sesión también tuvo su cuota de homenajes y declaraciones de interés, esa especialidad parlamentaria que permite ocupar una tarde entera sin correr el riesgo de meterse demasiado con los problemas de fondo.
Con esa tonica habitual de sesiones light, declararon de interés el aniversario del bar Zeppelin. Un reconocimiento institucional de semejante importancia que uno imagina que debe tratarse de una cuestión de Estado. Sobre todo porque por allí suele aparecer todas las noches el secretario legislativo Romeo Medina.
La escena sería graciosa si no fuera porque los mismos diputados que encuentran tiempo para estas cosas también encuentran tiempo para votar endeudamiento cuando Sáenz lo necesita. Para eso no hay demasiadas discusiones, ni grandes dudas existenciales, ni debates sobre el futuro de la provincia: se levanta la mano y asunto terminado.
Cobran millones por legislar y, sin embargo, una parte considerable de su trabajo parece consistir en acompañar al Ejecutivo, repartir gentilezas y convertir la Cámara en una oficina de declaraciones de interés.
Lo más llamativo no es siquiera que lo hagan. Es que ya ni se preocupan por disimularlo. Mientras afuera la gente se las arregla como pueden, adentro se discute quién merece un terreno, qué club necesita una ayuda y qué bar merece una declaración. La Legislatura parece haber perdido algo bastante más importante que el rumbo: la vergüenza.
Y quizá alguien debería avisarles que una provincia no se gobierna a fuerza de manos levantadas ni se representa mirando para otro lado. Porque si para esto sirve la Legislatura, por lo menos podrían ahorrarnos unos pesos y cerrar ese antro


