Las cascadas artificiales del principal paseo turístico de la ciudad muestran una imagen difícil de explicar: agua verdosa en uno de los lugares que más visitantes recibe.
Hay lugares de Salta que no necesitan demasiada presentación. El Cerro San Bernardo es uno de ellos. Desde hace décadas forma parte de la postal obligada de la ciudad, del recorrido de quienes llegan desde otras provincias y también de la rutina de miles de salteños que suben para caminar, tomar unos mates, mirar la ciudad desde arriba o simplemente pasar un rato entre la vegetación.
Y entre los atractivos construidos en la cima están las famosas cascadas. No se trata de un accidente natural, sino de un complejo artificial diseñado con terrazas de piedra, pequeños desniveles y un sistema de bombeo que permite que el agua recorra el espacio y se integre con el paisaje. La idea es sencilla: aprovechar el entorno natural y convertirlo en un paseo agradable, algo que durante años funcionó como uno de los rincones más fotografiados del cerro.
En distintos sectores de las cascadas puede observarse una tonalidad verdosa que da cuenta del estado de abandono y de la falta de mantenimiento del sistema. Lo que debería ser un recorrido de agua limpia que acompaña la vegetación terminó convertido en una postal bastante menos amable: agua estancada, verdín y una infraestructura que reclama atención.
La contradicción es difícil de pasar por alto. Mientras el Cerro San Bernardo continúa siendo uno de los principales atractivos turísticos de Salta y acumula miles de visitantes entre turistas y residentes, uno de sus elementos distintivos exhibe señales evidentes de deterioro. De hecho, las propias reseñas recientes de visitantes todavía destacan las cascadas como parte del paseo, aunque también aparecen observaciones sobre agua estancada y problemas de mantenimiento.
¿Quién se ocupa de mantenerlas? El presidente del Complejo Teleférico San Bernardo, Ángel Causarano, junto a Romina Arroyo, directora titular, tiene bajo su órbita la administración del complejo y, por lo tanto, buena parte de las cuestiones vinculadas al funcionamiento y mantenimiento de este espacio. En los últimos tiempos, su gestión quedó asociada a distintas discusiones alrededor del cerro. Una de las más recientes fue el conflicto por el restaurante El Baqueano, que funcionó durante cuatro años en un espacio estatal sin pagar alquiler, según reconoció el propio Causarano, hasta que la administración decidió modificar las condiciones de la concesión. En la dirección
También hubo cuestionamientos y reclamos vinculados al funcionamiento general del complejo. En 2025, por ejemplo, Causarano reconocía públicamente el problema del colapso vehicular en la cima y explicaba que debían pedir asistencia a Tránsito por la cantidad de vehículos que llegaban hasta el lugar.
Ahora aparece otro problema, bastante más básico: mantener funcionando y en condiciones uno de los atractivos que el propio complejo ofrece a quienes llegan hasta la cima.
Porque la cascada no necesita una gran obra. Necesita agua limpia, limpieza y mantenimiento periódico. Cosas bastante menos fotogénicas que una obra nueva, pero indispensables para que una de las postales de Salta no termine convertida en una muestra de cómo se deja deteriorar lo que ya estaba hecho.


