En distintos puntos de la capital se multiplican las calles intervenidas, los trabajos inconclusos y la señalización deficiente. La empresa de Jarsún vuelve a convertir las reparaciones en un problema para los vecinos.
La ciudad de Salta tiene suficientes problemas con los baches como para que alguien se ocupe de agravar la situación. El municipio lo intenta, con resultados que no siempre son los mejores, pero al menos hay cuadrillas que trabajan para reparar lo que el tránsito y el tiempo deterioran. En paralelo, Aguas del Norte parece transitar el camino inverso: abre pozos y zanjas, deja los trabajos sin terminar y convierte distintas arterias en una carrera de obstáculos para quienes circulan por ellas.
La situación se repite en la zona del Portezuelo, sobre calle Boedo y en varias arterias cercanas a la terminal de ómnibus, donde la empresa mantiene intervenciones abiertas sin que se advierta una resolución definitiva. En algunos casos, además, la señalización resulta insuficiente para advertir a conductores y motociclistas sobre los pozos y las dificultades que aparecen en el camino.
El problema no es que Aguas del Norte tenga que romper una calle para reparar una cañería o intervenir sobre la red de agua. Es parte de su trabajo. Lo cuestionable es que esas tareas queden a mitad de camino, sin una terminación visible y con las molestias que eso implica para los vecinos.
Bajo la conducción de Ignacio Jarsún, quien además ocupa el Ministerio de Gobierno y Justicia de la Provincia, la empresa parece haber retrocedido en una consideración que ya arrastraba antecedentes poco felices. La postal remite a la época en que Aguas del Norte estaba a cargo de Lucio Paz Posse y la capital salteña parecía, por momentos, dinamitada por las intervenciones que se multiplicaban sin que las reparaciones acompañaran el ritmo de las aperturas.
La falta de coordinación entre los organismos públicos vuelve todavía más difícil de entender el panorama. Mientras el municipio procura recuperar las calles, la empresa provincial deja trabajos pendientes que vuelven a deteriorarlas. No parece demasiado pedir que exista una planificación conjunta, plazos razonables y controles para que cada intervención concluya con la reposición del pavimento y la señalización correspondiente.
Jarsún, que combina la conducción de la empresa con un lugar central en el gabinete de Gustavo Sáenz y que dice tener proyección política de cara al año próximo, debería explicar por qué los trabajos quedan en ese estado y cuándo piensa terminarlos. En una ciudad donde cada bache suma reclamos, las pozos abiertas de Aguas del Norte vuelven a poner sobre la mesa una vieja pregunta: quién se ocupa de reparar lo que la propia administración pública deja roto.


