Hay barrios sin agua, hospitales atados con alambre y una situación social vez más salvaje, pero el gobernador encuentra tiempo para subir al cerro Ala Delta a inaugurar una placa.
En esta oportunidad, descubrió una silueta con una motocicleta y una placa conmemorativa en reconocimiento a la trayectoria de Kevin y Luciano Benavides
Nadie puede estar en desacuerdo a un homenaje a los destacados pilotos salteños, pero verlo a Sáenz colgandose de eso oscila entre lo ridiculo y penoso.
Con cara de «opa solemne» lo acompaña el eterno ñoqui Ángel Causarano —titular del Teleférico y tío de los Benavides— sonriendo en primera fila, su esposa Elena Cornejo, conocida porque repartir boutique barrani en los lugares donde concurre, y otros familiares, entre funcionarios que sobreviven son jugosos sueldos aunque la provincia se caiga a pedazos.
Porque en Salta podrá no haber respuestas, podrá no haber gestión, pero para sostener cargos, ceremonias y actos de utilería siempre aparece la plata.
La excusa, como quedó dicho, esta vez fue homenajear a los primos de la vocera, mañana será una reunión, pasado mañana un tinglado en una escuela, pero nunca nada en serio.
“Estamos reconociendo el talento de nuestros embajadores”, dijo Sáenz, como si hubiese inaugurado una obra estratégica y no una estructura simbolica.
La gestión saencista se convirtió en eso: actos vacíos, frases de autoayuda. Todo un grotesco en una provincia detonada por donde se lamire, pero con la cultura del acomodo gozando de excelente salud.


