Algunos dirigentes entienden que, al menos, deben cuidar ciertas formas. Y hay otros que no les importa nada. En ese segundo grupo encaja cada vez mejor Alba Quintar.
El fin de semana apareció paseando en la ya famosa Cybertruck de su hermano, Manuel Quintar. La camioneta gigantesca, cromada y aparatosa que parece diseñada para alguien desesperado por llamar la atención en cada esquina, fue su objeto de muestra para sus redes sociales.
Alguien que tiene plata es obvio que puede comprarse un vehículo caro, pero el nivel de grasa aspiracional con el que ciertos dirigentes exhiben esas cosas mientras ocupan cargos vinculados a áreas sociales sensibles es lamentable.
Porque Alba Quintar no es una influencer fitness ni una empresaria tech de Miami. Es funcionaria en Salta, unas de las provincias más pobres y en particular trabaja en espacios atravesados por salud mental, adicciones y vulnerabilidad social.
La Cybertruck todavía sin patente pero no secuestrada por tránsito de Assenato, el paseo por San Lorenzo, la estética de nuevo rico libertario jugando a ser celebridad provincial. Todo exagerado, innecesario, en definitiva, grotesco.
Hay algo muy adolescente en esa forma de ejercer el poder que refleja la conducta de la blonda venida hace poco de la vecina provincia.
La ostentación, cuando resalta de esa manera, nunca es inocente. En una provincia donde la pobreza dejó hace rato de ser un dato estadístico para convertirse en paisaje cotidiano, resulta indignante la abismal desigualdad.
En sus propias redes sociales aparecieron comentarios muy duros. Entre ellos uno recordó que hoy dos personas padecen la miseria tras ser despidas y maltratadas por la esbelta funcionaria.
Por lo bajo no son pocos los que advierten que Alba es muy superflua y liviana para un lugar demasiado sensible como coordinar adicciones en una provincia en decadencia.
Una especie de niña caprichosa jugando a ser importante en medio de problemas serios, subiendo fotos a Instagrama manejando la Cybertruck como símbolo perfecto de época: enorme, ruidosa, imposible de ignorar y bastante grasa.


