Hay provincias que muestran parques industriales. Otras muestran inversiones. Algunas exhiben nuevas empresas o indicadores de crecimiento. Salta, en cambio, suele mostrar fotos.
La última fue en la Universidad Torcuato Di Tella. Gustavo Sáenz rodeado de estudiantes, firmando convenios y hablando de oportunidades muy lejos de los problemas reales de la provincia.
Mientras el gobernador recorría uno de los ámbitos académicos más exclusivos del país, en Salta la discusión cotidiana pasa por otro lado. Comercios que bajan persianas, jóvenes que buscan trabajo durante meses sin encontrarlo y salarios que hace tiempo dejaron de alcanzar para llegar a fin de mes.
Salta lleva años escuchando promesas de desarrollo, modernización y crecimiento. Sin embargo, los indicadores económicos siguen mostrando una provincia con fuerte dependencia, escasa generación de trabajo privado y enormes dificultades para retener a sus propios jóvenes.
La foto en Buenos Aires, ciudad a la visita asiduamente -practiamente todas las semanas-, nos muestra que existe un mundo donde pagar $1.800.000 por mes de cuota universitaria parece perfectamente normal, ese mundo, por supuesto, no queda precisamente entre Tartagal y Rivadavia Banda sur.


