Según el ranking difundido esta semana, Gustavo Sáenz aparece entre los gobernadores con mejor imagen del país. Una noticia extraordinaria. Tan extraordinaria que obliga a revisar si la encuesta fue realizada efectivamente o fue pagada.
Porque la provincia, en rigor, parece bastante distinta. Hace apenas dos semanas el Gobierno enfrentaba una crisis con el transporte urbano que dejó a miles de usuarios sin servicio nocturno. Los empresarios, beneficiarios durante años de subsidios y acuerdos, decidieron apagar los motores y la provincia descubrió que podía quedarse sin colectivos de un día para otro. La reacción oficial fue la de siempre: correr detrás de los acontecimientos.
Al mismo tiempo, el malestar por las facturas de los servicios seguía creciendo mientras el ciudadano común hacía cuentas para llegar a fin de mes.
Pero la encuesta dice que todo marcha de maravillas. Y ahí es donde aparece la parte más interesante: cada vez que la gestión atraviesa un momento incómodo, aparece una estadística salvadora. Cada vez que la agenda se llena de problemas, algún gráfico promete reemplazar la realidad. Como si los porcentajes pudieran tapar lo que ocurre en la calle.
Los salteños conviven con una Justicia que carga desde hace años con cuestionamientos públicos, fallos discutidos y decisiones que alimentan sospechas y debates permanentes.
Conviven con una estructura estatal donde los premios políticos parecen multiplicarse con una velocidad que no siempre encuentra explicación en los antecedentes o en los méritos.
Por eso la pregunta no debería ser cuánto mide Gustavo Sáenz en una encuesta. La pregunta real es cuánto mide la paciencia de los salteños.
Porque una cosa es invertir recursos en comunicación y otra muy distinta es pretender que la comunicación sustituya a la realidad. Las escuelas ranchos siguen ahí al igual que los salarios planchados.
Los problemas del transporte siguen ahí. Tambien los cuestionamientos institucionales. Todo sigue exactamente donde estaba antes de que apareciera el ranking.
Pretenden convencer a los salteños de que viven en una provincia mucho mejor de la que ven todos los días.
Y eso sí que merece un reconocimiento pero no al mejor gobernador, sino al mejor intento de ocultamiento de una provincia que se cae a pedazos. Pese a la montaña de plata de todos que usa para ocultar la realidad.


