La diputada provincial, conocida por su devoción casi religiosa a cada acto oficial organizado por el gobierno, sorprendió en las últimas semanas con imágenes producidas mediante IA donde aparece convertida en una versión mejorada de sí misma.
Más estilizada, más importante y, sobre todo, bastante más productiva de lo que recuerdan quienes siguen la actividad legislativa, genera algo de ternura, por no decir verguenza ajena.
Porque mientras el mundo utiliza la inteligencia artificial para desarrollar ciencia, medicina o tecnología, ella le encontró una aplicación mucho más urgente: intentar parecer más linda.
Es cierto que no cualquiera puede atravesar años enteros de actividad parlamentaria sin dejar una ley relevante, una discusión trascendente o una intervención que permanezca en la memoria, nadie niega esetalento particular.
Cartuccia llegó a la Cámara de Diputados casi por accidente. Integró una lista encabezada por Martín de los Ríos, quien al ganar no asumió y se fue al ministerio de Porducción y le abrió las puertas de una banca que, desde entonces, utiliza poco nada, más allá de cobrar un suculento sueldo.
Su función es siempre estar cerca del poder sin que nadie termine de explicar exactamente qué función cumplen. Y allí aparece la inteligencia artificial como aliada inesperada.
Después de todo, la IA puede hacer muchas cosas. Puede rejuvenecer rostros, mejorar escenarios, corregir imperfecciones y construir versiones idealizadas de cualquier persona.
Lo que todavía no logró es producir es gestión, ni debates reales, ni trabajo legislativo. Al reves los salteños todavía recuerdan aquella polémica que la tuvo en el centro de las críticas por alzarse con 4 ingresos estatales. Y por supuesto nadie olvida sus quejas hacia los jovenes que buscan ganarse el pan de cada día vendiendo medias en el shopping.
Por Susana Del Frari


