Igancio Nacho Jarsún salió con los tapones de punta contra el gobierno nacional. Dijo que Milei cortó la obra pública, que dejó a las provincias sin recursos, que las rutas son un desastre, que la gente no tiene plata y que los negocios están vacíos.
La verdad, cuesta llevarle la contra pero el ajuste no cayó de Marte ni apareció por generación espontánea. Hace meses que Salta siente las consecuencias. Hace meses que la Provincia tiene que hacerse cargo de obras q, e Nación abandonó. Hace meses que la motosierra viene funcionando.
Pero, para ser justos, también habría que recordar que ese ajuste no avanzó solo. Necesitó leyes, votos, acuerdos y herramientas políticas. Muchas de ellas fueron aportadas por legisladores nacionales que responden al gobernador Gustavo Sáenz y que, una y otra vez, acompañaron las iniciativas centrales del gobierno libertario en el Congreso.
Es decir, mientras en Salta se critica el ajuste, en Buenos Aires más de una vez se ayudó a construirlo. Pero bueno, parece que ahora algunos descubrieron los efectos secundarios del remedio que ayudaron a recetar.
Jarsún también habló de transparencia, de corrupción, de funcionarios que deben rendir cuentas, de explicaciones que la sociedad merece escuchar.
Aunque si vamos a pedir explicaciones, hay una pregunta que sigue dando vueltas por estos lados. ¿Qué pasó con los obreros de Aguas del Norte?
Porque mientras el ministro analiza patrimonios ajenos y se indigna con los funcionarios nacionales y no por sus pares locales, hay familias salteñas que siguen esperando respuestas sobre un hecho gravísimo ocurrido bajo la órbita del propio Estado provincial.
Hay familias esperando justicia, hay preguntas sin responder. Resulta que para hablar de Milei siempre hay criticas. Para hablar de la corrupción ajena siempre aparece una declaración.
Pero cuando el asunto se acerca a Aguas del Norte, a muchos funcionarios parece agarrarlos una repentina afonía.
Y eso que Jarsún tiene razón en algo: la gente está cansada de los políticos que señalan con un dedo mientras esconden la otra mano.


