Tras blindar a Manuel Adorni en el Congreso, el saencismo quedó sin margen para hablar de corrupción. El gobernador ahora ensaya críticas que chocan de frente con lo que hicieron sus legisladores.
El saencismo cruzó una línea difícil de disimular. Mientras en Salta se llena la boca hablando de transparencia, en el Congreso sus diputados jugaron a otra cosa: ayudaron a blindar a Manuel Adorni y evitaron su interpelación. No fue un gesto menor ni una distracción parlamentaria. Fue una decisión política concreta para sostener a uno de los funcionarios más cuestionados del gobierno nacional.
Después de eso, cualquier discurso anticorrupción queda automáticamente en offside. No hay matices posibles. No se puede denunciar la mugre ajena mientras se colabora activamente para que nadie tenga que dar explicaciones. El saencismo no miró para otro lado: fue parte del operativo.
Y en ese contexto aparece Gustavo Sáenz con declaraciones que rozan lo absurdo. En Infobae dijo que si Adorni fuera funcionario suyo “ya habría renunciado”. Lo dijo sin siquiera ponerse colorado, como si su espacio no hubiera sido clave para evitar justamente que el vocero presidencial tenga que rendir cuentas. La frase, más que una crítica, funciona como una pieza de cinismo en estado puro.
Porque no se trata solo de lo que se dice, sino de lo que se hace. Y ahí no hay relato que aguante. Mientras el gobernador intenta pararse en un lugar moralmente superior, sus propios legisladores garantizaron la impunidad de alguien a quien, en teoría, consideran insostenible en el cargo y representa la cara más clara de la corrupción mileísta.
La contradicción no es nueva, pero pocas veces fue tan explícita. Decir una cosa en los medios y hacer exactamente lo contrario en el Congreso no es estrategia: es cinismo. Y en este caso, además, con consecuencias concretas. Porque impedir una interpelación no es un tecnicismo: es bloquear un mecanismo básico de control democrático.
El problema para Sáenz no es solo lo que hizo su espacio, sino lo que ya no puede volver a decir. Después de esto, cada vez que hable de corrupción, el saencismo está desautorizado para hablar sobre el tema. Fueron cómplices y de eso no se vuelve.


