Algunos municipios buscan cualquier excusa para no trabajar. Si no es un feriado, es un puente. Si no es una fiesta patronal, es un aniversario, si no aparece ninguna fecha en el calendario, siempre queda la carta del asueto administrativo. Y ahora, directamente, el Mundial.
El intendente de La Merced, Javier Wayar, firmó la resolución 904/2026 para liberar a los empleados municipales desde el mediodía y permitirles ver el partido de la Selección Argentina frente a Egipto.
La Merced se sumó así a Vaqueros, donde el municipio también dejó de atender al público, aunque con una explicación bastante más ingeniosa: oficialmente hablaron de trabajos de mantenimiento eléctrico. Una coincidencia curiosa que, casualmente, terminó justo a tiempo para que todos pudieran acomodarse frente al televisor.
Al menos dos municipios bajaron la persiana por el Mundial de manera oficial, aunque el gobierno provincial, también hizo su propia maniobra: entre las 9 y las 11 asumieron los nuevos funcionarios (Avellaneda como titular de Seguridad y Gaspar Solá como Asesor de Incapaces), y posteriormente quedaron liberados todos los ñoquis y pseudos ministros y secretarios, al igual que botita que como suele ocurrir trabaja solo medio día.
Nadie cuestiona la pasión futbolera. Argentina se paraliza cuando juega la Selección. Lo que sí llama la atención es la facilidad con la que algunos intendentes convierten esa pasión en una resolución oficial.
Porque cuando un vecino necesita un trámite, un expediente o una respuesta, ahí aparecen las clásicas frases: «falta personal», «no hay presupuesto», «el sistema está caído», «vuelva la semana que viene».
Pero cuando hay que decretar un asueto, la burocracia se mueve con una velocidad que ya quisieran los contribuyentes para resolver sus problemas.
Da la impresión de que administrar un municipio ya no consiste tanto en gestionar una ciudad como en organizar un calendario de días sin atención.
Y como si el Mundial también hubiera repartido premios entre la dirigencia, algunos ni siquiera necesitan firmar un asueto para disfrutarlo.
Mientras los empleados municipales son liberados por resolución, el senador provincial Daniel D’Auria directamente está siguiendo la Copa desde EE. UU.
No deja de ser llamativo. D’Auria cobra una dieta millonaria financiada por todos los salteños, arrastra cuestionamientos por su escasa actividad legislativa y reiteradas inasistencias en el Senado, y además enfrenta causas judiciales por un violento episodio ocurrido en una estación de servicio de su propiedad y por la organización de un corte sobre una ruta nacional, expedientes que llevan años sin mostrar avances significativos.
En definitiva, el Mundial parece haber dejado una enseñanza: hace rato que la casta salteña juega un campeonato muy distinto al de la gente.


