El Ministerio de Justicia suele ser uno de los lugares donde un gobierno muestra qué importancia le da a las instituciones. Por eso alcanza con poner dos currículums sobre la mesa para entender que entre la Nación y Salta existen dos formas completamente distintas de elegir a quien debe conducir un área tan sensible.
El presidente Javier Milei designó como ministro a Juan Bautista Mahiques. Su recorrido profesional puede ser discutido políticamente, pero no guarda dudas sobre el perfil elegido: es abogado egresado de la Universidad de Buenos Aires, posee una maestría en Administración de Justicia, fue integrante del Consejo de la Magistratura, ocupó distintos cargos dentro del Poder Judicial y del Ministerio de Justicia, ejerce la docencia universitaria en Derecho Penal y Procesal Penal y actualmente dirige un instituto universitario especializado en seguridad.
En contraste está decisión de Gustavo Sáenz, eligió a un hombre ajeno a la materia: Ignacio Jarsún. Su biografía dice que fue jugador de rugby, intendente de Rosario de Lerma y presidente de Aguas del Norte, cargo que, además, sigue ocupando mientras conduce el Ministerio de Justicia.
Mientras un currículum está construido alrededor del Derecho y del funcionamiento del sistema judicial, el otro está construido alrededor del deporte y la cercania con el mandatario provincial.
Jarsún no registra estudios de Derecho, experiencia profesional en la Justicia, antecedentes académicos vinculados al sistema judicial ni una carrera desarrollada dentro del mundo jurídico. Sin embargo, terminó al frente del Ministerio que debe relacionarse todos los días con jueces, fiscales, defensores, reformas legales y política judicial.
Como si eso fuera poco, el Gobierno entendió que también podía seguir conduciendo Aguas del Norte. Es decir, administrar simultáneamente una empresa estatal que presta uno de los servicios públicos más cuestionados de la provincia e incluso ya tiene a dos operarios muertos de manera impune por no tener condiciones laborales dignas para tamaña tarea.
La lógica parece novedosa. Si manejar el agua potable y conducir el Ministerio de Justicia demandan dedicación completa, en Salta descubrieron que ambos cargos pueden resolverse con la misma persona.
El contraste termina siendo más elocuente que cualquier discurso oficial. Mientras una gestión buscó un especialista para un área específica, la otra volvió a demostrar que, en la política salteña, muchas veces el cargo encuentra primero al dirigente y después, si hace falta, se busca una explicación.
¿Qué antecedentes específicos llevaron a concluir que el mejor perfil para conducir la Justicia era el de rugbysta con graves problemas de modulación?


