Con el nivel de ajuste nacional y la falta de transferencia de recursos, ningún intendente hoy la tiene fácil. En ese contexto, la gestión de Emiliano Durand muestra luces y sombras.
Por el lado de lo que funciona, hay una diferencia visible con la gestión anterior. La ciudad dejó de estar completamente desordenada. Hay obras concretas que se ven —sobre todo en calles y mantenimiento urbano— y una lógica más clara de prioridades. Se nota una idea de gestión más ordenada, con foco en resolver lo básico: calles, iluminación, espacios públicos.
También hay una decisión política de cuidar los números. En un escenario donde Nación no manda plata y la obra pública prácticamente desapareció, sostener cierta actividad con recursos propios no es menor. Eso explica por qué muchas intervenciones salen del presupuesto municipal y no de grandes anuncios.
Ahora, eso no alcanza.
Porque el otro lado de la gestión también está a la vista. La ciudad sigue teniendo problemas estructurales que no se resuelven con bacheo ni alumbrado. La situación social se siente cada vez más en la calle. Y ahí el municipio queda corto, aunque es cierto que la ayuda a emprendedores es una ayuda pero no alcanza con tamaña crisis.
Cuando Nación se corre, los municipios quedan haciendo equilibrio. Durand lo planteó hace poco cuando habló de la distribución de recursos :“de cada ocho pesos, seis se los lleva Nación”.
Otro punto: la cercanía con los vecinos y la presencia constante suman, pero también generan una expectativa alta. Estar en todos lados sirve, pero no reemplaza soluciones de fondo. Y en algunos temas, todavía está en etapa de intención más que de resultados.
Entonces, el balance a priori es una gestión más activa que la de Bettina y con resultados visibles en lo inmediato, pero todavía lejos de resolver los problemas de fondo.
Por Susana Del Frari


