La salida de Agustina Álvarez del PRO no debería sorprender a nadie que mire la política salteña. Hace rato que el sello macrista local dejó de ser un espacio opositor para transformarse en una sucursal amable del poder provincial, un lugar donde muchos dirigentes están más preocupados por no incomodar a Gustavo Sáenz que por sostener una fisonomia propia.
Agustina, al menos, tuvo la honestidad política de admitirlo públicamente. “El oficialismo provincial se metió dentro de las filas del PRO”, dijo.
La lógica saencista desde hace años es meterse en todos lados, ocupar todo, licuar cualquier oposición y convertir espacios políticos enteros en oficinas satélite del Grand Bourg.
Un partido que alguna vez hablaba de institucionalidad y control hoy quedó reducido a dirigentes que calculan cuánto pueden criticar sin perder algún cargo, contrato o buena relación con el oficialismo. Por eso la salida de Alvarez, bien visto, no es una actitud oportunista.
Se trata de una gran incorporación a La Libertad Avanza, puesto que hablamos de una de las dirigentes más serias, preparadas y políticamente prolijas que tiene hoy tiene la ciudad.
En rigor de verdad, el armado libertario salteño venía necesitando urgente alguien que baje un poco el nivel de improvisación. Mucho reel, mucha foto con motosierra imaginaria, pero poca densidad política. Una fuerza que todavía no logró ordenar liderazgos, que vive atravesada por internas adolescentes y sin dirección política.
Alvarez habla con propiedad, no necesita actuar de libertaria fanática para convencer a nadie y tiene algo que en política pesa muchísimo más que los likes: credibilidad. Cuando habla, no parece estar leyendo comentarios de Twitter. Argumenta, conoce expedientes, sostiene posiciones y no necesita sobreactuar enojo para hacerse escuchar.
Y eso inevitablemente deja expuesta la fragilidad del liderazgo de Laura Jorge Saravia. Porque mientras algunos dentro del espacio todavía están aprendiendo a ordenar un bloque sin pelearse entre ellos, Agustina entra caminando y automáticamente aparece como una figura con volumen propio. Puede terminar siendo más libertaria que varios libertarios de cotillón. Veremos si está a la altura de los desafios.
Por Susana Del Frari


