El hecho de que algunos medios nacionales señalaran que dentro del peronismo ya hay quienes imaginan a Emiliano Durand como candidato a gobernador si Gustavo Sáenz no pudiera competir alcanzó para que Laura Cartuccia saltara como leche hervida.
“No existe la fórmula Sáenz-Durand. Gustavo Sáenz puede llevar hasta cuatro candidatos a intendente. Durand puede reelegirse, pero no apropiarse del gobernador”, escribió en sus redes, además de criticar el cobro de impuestos.
Tal vez para caerle bien a Nicolás Demitropulos, porque en política también existen esas críticas que parecen dirigidas a un adversario, pero tienen como verdadero destinatario a otro, tal vez por orden del mismísimo coordinador de Gobierno —lo cual no sería para nada descabellado— o tal vez por sus propias y desproporcionadas apetencias, Cartuccia salió con toda su corrosividad a pegarle al intendente.
Los dardos propinados por una diputada conocida por salir por la ventana en medio de una huelga docente, por pedir que saquen a los vendedores de medias de un shopping y con menos calle que una revista de pesca, son, cuando menos, una falta de respeto.
Una cosa es Emiliano Durand, que tiene que caminar los barrios y encontrarse con el vecino que le reclama que arreglen una calle, que poden un árbol, que limpien un baldío o que solucionen un problema que tiene delante de su casa.
Y otra muy distinta es lo que hace la legisladora teñida de blonda, que parece dedicar más tiempo a publicar imágenes berretas hechas con inteligencia artificial que a mostrar qué hace desde su banca en beneficio de los salteños.
Al que ejerce una función ejecutiva, con aciertos y errores, le toca dar respuestas concretas; en cambio, Cartuccia parece no tener ninguna responsabilidad, pese a cobrar más de cinco millones de pesos y su marido otros cuatro millones como asesor, más bien se los ve solo vomitando en sus redes y en algunos medios pagados por el gobierno.
Al parecer, en las conjeturas que teje con su marido, ahora hay que pegarle a Durand justo cuando empieza a circular su nombre como eventual candidato a gobernador. Y si, además, esa posición sirve para acercarse a Demitropulos, mucho mejor. Ese parece ser lo que ven.
Porque una cosa es discutir una gestión y otra muy distinta es convertirse en fiscal de la conducta ajena; demasiada es la impostura: mucho ruido en las redes, mucha imagen hecha con IA y bastante poca explicación sobre qué se hace con esos comentarios, además de cobrar, cuando se tiene una banca desde la que se debería trabajar por los salteños.
Como no está dispuesta a hacer el largo y fatigoso camino de construir una política, organizar a los salteños en torno a un conjunto de ideas, por ahora le alcanza con una pantalla, una publicación maliciosa y algún despacho donde sepan apreciar el gesto.


