Hay confesiones que generan ternura. Y hay otras que, cuando vienen de alguien que ocupó una banca en el Concejo Deliberante y ahora quiere llegar al Congreso de la Nación, obligan a preguntarse: ¿Cómo llegamos hasta acá?
Cande Correa contó en un streaming que tardó 35 años en leer un libro y admitió que cuando fue concejal no llegó a dimensionar la responsabilidad que tenía a la vez que reconoció que en 2020 no estaba informada sobre lo que estaba pasando en el país.
Después dijo que quiere ser diputada nacional y que su carrera política no terminó. La ex pareja del hijo de la abogada defensora de narcos Liliana Mazzone, tiene todo el derecho del mundo a querer ser legisladora, pero no queda claro cuánto está dispuesta a hacer para estar preparada para serlo.
Porque si tardó 35 años en leer un libro, habrá que darle tiempo, y no poco, quizás el próximo paso sea la Constitución Nacional. Y posteriormente, con suerte, algo de la historia salteña, que arranca en el siglo XVI.
De belleza, evidentemente, viene sobrada. Ahora de cabeza poco y nada. Un representante no está elegido para enterarse después de lo que sucede. Tiene una responsabilidad que implica informarse, estudiar expedientes, conocer los problemas y participar de decisiones que afectan la vida cotidiana de miles de personas.
Correa reconoce haber atravesado gran parte de su vida más concentrada en su propia vida que en lo que ocurría alrededor. Eso puede ser una confesión personal. Pero también debería ser un dato político.
Porque la política no consiste solamente en tener exposición, seguidores, una historia personal o ganas de ocupar un cargo. La política supone, entre otras cosas, dedicar tiempo a entender una sociedad que es bastante más grande que uno mismo.
Salta tiene problemas estructurales: pobreza, falta de infraestructura, crisis de transporte y servicios públicos y una larga lista de asuntos que no se resuelven con entusiasmo frente a una cámara.
Para llegar al Congreso hay que estudiar esos temas. Una persona que cuenta como una hazaña personal haber terminado su primer libro ahora pretende representar a Salta en un lugar donde tendrá que defender ante viejos zorros de la política leyes, presupuestos y cuestiones que afectan a millones de argentinos.
Hay una diferencia enorme entre ser famosa por tener un lomazo, y pretender sentarse a decidir sobre el rumbo de una sociedad. Para lo primero alcanza con ir al gimnasio y tener exposición; para lo segundo hace falta estudio, conocimiento, ideas y un proyecto serio. Porque una banca no es una tarima de un boliche: en el congreso no alcanza con caer bien, hay que saber qué se está haciendo. Y, sobre todo, hay que tener algo para ofrecer que no sea otra decepción disfrazada de candidatura.
Por Susana Del Frari


