Para concentrar el poder, el saencismo tiene que realizar variada maniobras y una de ellas fue colocar al frente de PJ a Julio San Millán.
Bajo el increíble argumento del trasvasamiento generacional incorporó algunas caras jóvenes para que la fotografía no pareciera sacada de un archivo y dejó intacta buena parte de la trama de relaciones que durante años convirtió al partido en una estructura burocratica o dicho de otra manera en un sello de goma.
San Millán llega a la presidencia partidaria con el discurso de la apertura y de la reconstrucción del peronismo, aunque su propio recorrido permite entender bastante bien por dónde pasa esta supuesta novedad: siempre del lado que calienta el sol, es decir, donde esta la plata del estado.
El ex diputado por Chicoana y actual secretario de Relaciones Internacionales de la Provincia, fue uno de los que acompañó con entusiasmo la candidatura de Pablo Outes cuando el actual diputado nacional buscaba llegar al Congreso.
La supuesta renovacion seria Pablo Marcial, un puntero del riñon del legislador nacional fotografiado con los narcos y conocido por hacer negocios con los adoquines en los municipios; un tipo que ya pasó por la Municipalidad, saliendo eyectado por corrupción con las cooperativas y que, en vez de desaparecer de la escena política como cabría esperar cuando una carrera queda golpeada por semejante episodio, volvió a encontrar espacio en el ámbito educativo.
Los memoriosos recuerdan que fue visto conversando en una estación de servicio de la zona del Portezuelo con Federico Hanne, marido de la ministra de la mencionda cartera, días antes de ser nombrado en la escuela fantasma que saltó hace un mes e hizo tambalear la gestión de Fiore.
Ahí está la verdadera naturaleza de esta renovación que anuncia el PJ: no se trata de cortar con una lógica anterior, sino de conservarla mientras se cambia el envoltorio.
Si realmente pretende inaugurar algo distinto cómo se explica que los mismos nombres que siempre parasitan del Estado se encuentran dando vueltas: Gastón Galindez, Soledad Troyano, el Tutu Amat, son parte de una larga lista de sanguijuelas peronistas.
Las caras jóvenes, como Camila Evita Morales, antes de llegar al partido ya tienen un cargo y muy bien rentado. Es, tal vez, la mayor estafa para construir la imagen de una fuerza que quiere mostrarse abierta a otra generación
El PJ puede cambiar autoridades, presentar dirigentes nuevos y anunciar que se terminó una época, pero mientras San Millán conduzca estrechamente relacionada con Sáenz y Outes, mientras los viejos operadores sigan teniendo acceso a los despachos y mientras punteros de la peor calaña como Marcial sean ñoquis en Educación resulta bastante difícil sostener que estamos frente a un cambio.
Estamos frente a otra cosa. Frente a una estructura que aprendió a sobrevivir acomodandose discursivamente.
Y quizá ahí esté la explicación de por qué el PJ salteño necesita hablar tanto de nueva etapa: dime de que te jactas y te dire lo que adoleces.
Cuando uno tiene que repetir demasiado que algo se renovó, probablemente sea porque todavía quedan demasiadas cosas que se parecen a lo anterior.
El partido de calle Zuviría puede estrenar conducción, puede sumar una que otra cara juvenil, pero mientras los viejos vínculos sigan ordenando quién entra, quién vuelve y quién consigue una segunda oportunidad en los puestos rentables del Estado, lo único verdaderamente nuevo va a ser el cartel.


