“Yo prefiero la pandemia y no la situación que estamos viviendo en este momento”. Las desafortunadas declaraciones salieron de la boca de Pablo Salomón, gerente del Hospital San Bernardo, cuando le preguntaron por la crisis actual del sistema de salud.
Habria que recordarle que durante la pandemia murieron miles de personas y los hospitales trabajaron al límite. Médicos, enfermeros y trabajadores sanitarios enfrentaron jornadas agotadoras, contagios y una situación que nadie sabía cómo iba a terminar.
Salomón podría haber explicado qué ocurre hoy en el San Bernardo, cómo evolucionó la demanda, qué recursos tienen disponibles o qué dificultades enfrentan los trabajadores. En cambio, eligió comparar el presente con una emergencia sanitaria que dejó miles de muertos.
La crisis económica, además, ya tiene consecuencias concretas sobre el sistema público. Personas que antes se atendían en el sector privado recurren ahora a los hospitales porque perdieron cobertura o no pueden pagar una consulta. Esa demanda se suma a la de quienes históricamente dependieron de la salud pública.
El San Bernardo recibe buena parte de esa presión. Su guardia y sus servicios atienden pacientes de capital, del interior y derivados de otros establecimientos. El aumento de la demanda debería ser parte de cualquier explicación seria sobre la situación sanitaria actual.
También hay una cuestión de memoria. Durante la pandemia, los trabajadores del sistema sanitario tuvieron que sostener hospitales desbordados mientras enfrentaban el riesgo de contagiarse. Hubo profesionales que enfermaron y familias que perdieron a sus seres queridos.
Por eso la frase de Salomón no solamente resulta desafortunada. También muestra una llamativa falta de conciencia sobre lo que significó aquel período.
En mayo de 2025, Marcelo Nallar, entonces gerente del Hospital Arturo Oñativia, puso el grito en el cielo por las condiciones en las que tenía que trabajar. “Cuando los hospitales están colapsando es porque el primer nivel no funciona… no puede ser que una infección urinaria o una angina sea atendida en una guardia”, cuestionó por entonces, en una crítica que apuntaba directamente al funcionamiento del sistema sanitario y que, por elevación, también alcanzaba al ministro Federico Mangione, con quien ya había protagonizado varios cruces.
Salomón, en cambio, procuró no mencionarlo a Mangione, no habló de la falta de recursos, no explicó el colapso de las guardias ni señaló las dificultades que enfrentan los hospitales. Dijo que prefiere la pandemia.
Nallar señalaba el problema y apuntaba hacia arriba. Salomón, en cambio, parece haber elegido mirar hacia otro lado y comparar con una etapa que nadie con dos dedos de frente prefiere volver a pasar.


