La pelea entre sus propios dirigentes expuso grietas que ya no pueden disimularse, mientras el oficialismo provincial observa, teje vínculos y espera que la fractura libertaria haga su parte.
La semana terminó con algo más que una interna dentro de La Libertad Avanza salteña: quedó expuesta una pelea que hace rato dejó de ser subterránea. Acusaciones cruzadas, dirigentes que se disparan públicamente, chats que aparecen en escena y una disputa por el control territorial que amenaza con convertirse en un problema electoral para el espacio.
El primero en correr el velo fue el vicepresidente primero del Concejo Deliberante, Rodrigo Quinteros. El dirigente libertario apuntó directamente contra la senadora nacional Emilia Orozco y cuestionó su vínculo con la provincia. La acusación fue tan concreta como demoledora: sostuvo que la legisladora no trabaja por Salta y que pasa demasiado tiempo de paseo con su perro.
Pero aquello que podía parecer una pelea aislada rápidamente adquirió otra dimensión. En los últimos días quedaron expuestos chats entre Alba Quintar, exdirigente libertaria que hoy encontró cobijo en la estructura gubernamental del saencismo, y una exdirigente vinculada a Alfredo Olmedo en Pichanal. Allí aparecieron acusaciones todavía más duras contra Orozco, a quien señalaron directamente por haber “destruido el partido en el interior”.
El conflicto también arrastra a la diputada nacional Eliana Bruno, en medio de una disputa interna en la que aparecen acusaciones de maltratos y fuertes cuestionamientos personales. Y la lista de frentes abiertos no termina ahí: Orozco también tendría diferencias con la diputada nacional Gabriela Flores, mientras en las últimas horas volvieron a circular versiones sobre una disputa con el diputado Carlos Zapata.
Como si faltara una pelea más, Quinteros también salió al cruce del senador provincial Roque Cornejo Avellaneda. El legislador capitalino cuestionó que su representante en la cámara alta provincial se dedique a “recorrer el interior”, mientras él asegura concentrarse en los problemas de los vecinos de la Capital. Otra vez, la discusión dejó de ser política en términos generales y pasó a ser una disputa por espacios, protagonismos y territorios.
Y mientras los libertarios se sacan los ojos entre ellos, alguien observa con particular atención. El saencismo entendió que una de las mejores formas de debilitar a La Libertad Avanza no necesariamente consiste en confrontarla de frente. También puede consistir en dejar que sus propias peleas hagan el trabajo. Por eso, mientras la estructura libertaria se fragmenta, el oficialismo provincial viene construyendo puentes con sectores que hasta hace poco estaban del otro lado.
En el norte provincial, esos vínculos pasan por Eliana Bruno y encuentran un canal político en el intendente de Orán, Baltazar Lara Gros. En la Capital, el acercamiento aparece alrededor de Gabriela Flores. No hace falta demasiada imaginación para entender qué significa: si LLA pierde cohesión territorial, el saencismo tiene mucho para ganar.
La paradoja es que mientras eso sucede, Alfredo Olmedo, quien todavía aparece como el dueño de la marca libertaria en Salta, parece jugar otra partida. Mientras su tropa provincial se pelea por cargos, territorios, liderazgos y candidaturas, el dirigente continúa concentrado en competencias y actividades fuera del escenario político local.
Así, el espacio que llegó a las elecciones anteriores prometiendo representar una ruptura con la política tradicional empieza a exhibir algunas de sus viejas enfermedades: personalismos, peleas internas, disputas territoriales y dirigentes más preocupados por quién conduce que por cómo sostener una estructura.
El problema, además, aparece en un momento particularmente incómodo. El malestar social por la situación económica crece y el oficialismo nacional ya no puede descansar únicamente en el fenómeno electoral que lo llevó al poder. En Salta, donde el voto libertario consiguió construir una presencia importante, la pregunta empieza a ser cuánto de ese caudal pertenece realmente a una estructura política y cuánto depende de una marca que hoy empieza a mostrar serias fisuras.


