A esta altura, cuesta saber si quiere discutir política o recuperar una relación que terminó mal. Le faltan los violines de fondo, la lluvia en cámara lenta y el clásico «yo hice todo por vos».
Lo curioso es que Quinteros no es un actor de telenovela turca: es concejal. Tiene una banca, responsabilidades y una tarea concreta que cumplir. Sin embargo, parece más preocupado por grabar videos contra Orozco, que por los problemas de los vecinos capitalinos.
Aunque nunca explicó su acercamiento al saencismo ni aquella imagen de una supuesta casa vinculada a La Libertad Avanza, que al parecer fue generada con inteligencia artificial, Quinteros sigue dan verguenza ajena.
Con un sueldazo que ronda los $3.800.000 mensuales sería bueno que mostrara proyectos, gestiones y resultados. Nada eso hay.
Hoy, indignado; mañana, despechado; pasado, protagonista de algún escándalo. Todo muy intenso, muy dramático pero sin política.
La novela sigue, los videos se acumulan y cabe preguntarse: ¿cuándo empieza el trabajo de concejal?
Porque para hacer una novela berreta alcanza con una cámara y ganas de figurar. Para justificar una banca, hace falta conocer los barrios, los problemas reales y desde luego tener proyectos, algo que por el momento adolece completamente.


