El gobernador salió a la TV nacional a quejarse porque los libertarios salteños no respaldan su endeudamiento. Después de acompañar gran parte de la agenda de Milei, ahora espera que la Casa Rosada lo acompañe con sus pedidos.
Gustavo Sáenz eligió la televisión nacional para hacer un reclamo que, por el modo en que lo formuló, terminó dejando bastante más expuesta su relación con el gobierno de Javier Milei que a los legisladores libertarios a los que pretendía cuestionar. El gobernador se quejó de que quienes “acompañan al Presidente” en Salta no lo acompañan a él cuando necesita votos para avanzar con nuevos endeudamientos y, de paso, dejó una confesión bastante más interesante: cuando Nación necesita respaldo político, su gobierno está disponible “a cualquier hora y momento”.
“Todos los que acompañan al Presidente me votan en contra de los endeudamientos. La paciencia se va acabando y agotando cuando vemos estas cosas”, sostuvo Sáenz durante una entrevista con A24. La frase fue pronunciada en el marco de sus reclamos a la Casa Rosada por la falta de respaldo a las necesidades financieras de la provincia, después de reunirse con el jefe de Gabinete, Diego Santilli.
El problema para Sáenz es que, mientras reclama que los libertarios salteños sean consecuentes con el gobierno nacional al momento de votar en la Legislatura, su propio argumento deja en evidencia hasta qué punto construyó su vínculo con Milei sobre la lógica del acompañamiento. “Nosotros acompañamos a nivel nacional, no estamos pidiendo nada, solo reciprocidad”, afirmó. Y agregó, todavía más explícitamente: “Nunca hay un gesto del Gobierno”.
El gobernador no planteó una diferencia política de fondo con Milei ni cuestionando la orientación general del Gobierno nacional. Lo que reclama es que, después de haber acompañado, ahora le devuelvan el favor. Es una discusión bastante menos épica de lo que Sáenz quiso presentar desde la pantalla de A24: no parece estar renegando del modelo libertario, sino reclamando que la factura por los servicios prestados empiece a pagarse.
Sáenz incluso describió con particular claridad cómo funciona ese vínculo. “Ellos no saben lo que pasa en la Legislatura de Salta, pero cuando nos llaman, a cualquier hora y momento, nosotros estamos y acompañamos”, aseguró. La frase tiene algo de reproche, pero también de balance involuntario: mientras el gobernador se queja de que Nación no le devuelve los favores, admite que su administración se mantiene disponible cada vez que la Casa Rosada necesita respaldo político.
En ese contexto aparece el pedido por el endeudamiento. Según explicó el propio Sáenz, el ministro de Economía, Luis Caputo, le habría planteado la necesidad de “rollear” la deuda provincial, pero para avanzar en esa estrategia la provincia necesita autorizaciones y garantías de Nación. El gobernador pretende, además, financiamiento para obras que la propia provincia decidió encarar frente a la falta de ejecución nacional, entre ellas proyectos vinculados con rutas.
Sáenz reclama que los legisladores que responden políticamente al oficialismo nacional lo acompañen en Salta porque él acompaña a Milei en Buenos Aires. Es decir, pretende que una relación política construida sobre el respaldo al Gobierno nacional también funcione en sentido inverso cuando las necesidades de la administración provincial golpean la puerta.
La escena tiene algo de paradójico. Durante buena parte de la gestión libertaria, Sáenz cultivó el perfil del gobernador “dialoguista”, dispuesto a negociar y acompañar para garantizar gobernabilidad.


