No fue un hecho aislado ni un error de interpretación: es un método. La Auditoría es apenas el último episodio de una forma de gobernar donde las normas se acomodan a gusto y los controles se vacían.
La decisión de la comisión de Auditoría de la Cámara de Diputados de Salta, mal conformada, sin mayoría opositora, de postular a Marcelo Ferraris y a Miguel Nanni para integrar la Auditoría General de la Provincia no sorprendió. Confirmó algo más profundo: el saencismo no discute las reglas, las usa hasta donde le sirven y las descarta cuando estorban.
El caso de Ferraris es el más evidente. Fue auditor hasta hace poco más de un mes. La Constitución de Salta, en su artículo 169, es clara: no puede volver a asumir. No hay interpretación posible ni zona gris. Aun así, fue propuesto para ocupar el mismo cargo durante ocho años más. La norma, en este esquema, es apenas un detalle administrativo.
Tampoco pesó que haya sido declarado “persona no grata” por los trabajadores del organismo. Un dato que, en cualquier estructura que pretenda sostener cierta legitimidad, encendería alarmas. En la Auditoría salteña, en cambio, parece no tener incidencia. El organismo hace tiempo dejó de ser incómodo para el poder: hoy funciona más como herramienta de disciplinamiento que como instancia de control.
El patrón se repite. La designación de jueces cercanos al gobernador, como Martín Plaza y Martín Diez Villa, y la continuidad de Alejandra Gauffin y Adriana Rodríguez Faraldo en la Corte de Justicia pese a los límites establecidos por la reforma constitucional de 2021, marcan una misma lógica. La institucionalidad como territorio moldeable, donde las excepciones se vuelven permanentes.
En ese contexto, la advertencia del Foro de Observación de la Calidad Institucional de Salta (FOCIS) llegó sin rodeos: habló de “un grave retroceso” en el control público y cuestionó tanto la posible reelección de Ferraris como la falta de antecedentes técnicos acreditados en el caso de Nanni. También recordó un dato incómodo: el fracaso de la Auditoría en investigar los U$S 250.000.000 desaparecidos del Fondo de Reparación Histórica.
Con el saencismo, la calidad institucional en la provincia sufrió un retroceso terrible, que daña no solo el presente, sino también cualquier intento futuro de que las reglas vuelvan a significar algo.


