Por ejemplo las de Patricia Hucena abrazada al entonces gobernador Juan Manuel Urtubey, celebrando el famoso Fondo de Reparación Histórica. Ese mismo fondo que hoy, años después, está bajo la lupa por irregularidades, obras dudosas y millones que nadie termina de explicar dónde quedaron.
Y ahí aparece la paradoja —o la caradurez, según cómo se mire—. Porque ahora Patricia Hucena forma parte de la comisión investigadora que debe analizar la auditoría de ese fondo.
La misma dirigente que durante años defendió el esquema político que lo creó. La misma que nunca impulsó una denuncia cuando ya se hablaba de manejos oscuros. La misma que acompañaba el relato oficial mientras el dinero circulaba sin demasiadas preguntas.
De hecho, en aquellos años el discurso era otro. El propio Antonio Hucena, su hermano y entonces diputado provincial, lo decía con entusiasmo: “Este fondo viene a saldar una deuda histórica con los departamentos del norte”.
Muchas de las obras no fueron terminadas. Y ahora, con la auditoría sobre la mesa, aparecen las dudas que durante años nadie quiso escuchar.
En ese contexto aparece Patricia Hucena sentada en la comisión que debe investigar lo que antes defendía. La pregunta cae sola: ¿investiga o debe ser investigada?
Cuesta tomar en serio una comisión cuando entre sus integrantes está alguien que durante años miró para otro lado. O peor aún: acompañó políticamente el proceso que hoy se dice querer esclarecer.
Que la auditoría avance está bien. Que se revisen las obras, también. Lo que resulta difícil de digerir es que una de las personas que jamás pidió explicaciones cuando correspondía ahora se siente en la mesa de los que supuestamente van a pedirlas.
Por Susana Del Frari


