El intendente de Tartagal pasó de denunciar el abandono del norte y acusar al gobernador de no preocuparse por su ciudad a convertirse en uno de sus más entusiastas defensores.
Franco Hernández Berni llegó a la intendencia de Tartagal con el respaldo de Sergio Leavy y de buena parte del peronismo local, pero no tardó demasiado en dejar atrás a quienes habían trabajado para que llegara al poder y acercarse al saencismo que, hasta hacía poco, había sido objeto de sus críticas. El giro no fue precisamente discreto. Hernández Berni no se limitó a acompañar institucionalmente al Gobierno provincial ni a reconocer las obras que llegan a Tartagal. Se convirtió en un entusiasta defensor de la gestión de Gustavo Sáenz, de su capacidad de conducción y hasta de su particular manera de entender el federalismo.
El mismo dirigente que durante su etapa como diputado provincial levantaba la voz contra el Gobierno provincial hoy parece haber encontrado muchas (muchísimas) más virtudes que defectos en el gobernador. Y no deja de ser curioso que el norte que antes denunciaba como abandonado siga teniendo buena parte de las mismas demandas.
En aquellos años, Hernández Berni era diputado del Partido de la Victoria y uno de los opositores más visibles al Gobierno de Sáenz. Desde su banca cuestionaba el trato que recibía el norte provincial y reclamaba respuestas para Tartagal.
Uno de sus cruces más recordados ocurrió durante la crisis por la falta de agua, cuando un proyecto destinado a llevar agua hacia Tartagal no consiguió avanzar. Desde el recinto, el entonces diputado no se guardó nada: “A este gobierno no le importa el norte”, disparó contra la gestión de Sáenz.
La frase quedó registrada. También quedó registrada la posición política desde la que la pronunció. El problema es que ahora cuesta encontrar en el discurso del intendente a aquel dirigente. El opositor que señalaba el abandono provincial fue reemplazado por un dirigente que parece no encontrar demasiados motivos para cuestionar al gobernador. Allí donde antes había reclamos, hoy aparecen elogios. Donde había críticas, acompañamiento. Y donde había distancia política, una cercanía que parece no conocer límites.
Hernández Berni se mimetizó con Sáenz hasta en la liturgia. Habla de “federalismo” como el gobernador, reivindica su gestión y aparece sistemáticamente celebrando sus anuncios y publicaciones. En las redes sociales, especialmente, el intendente parece haberse convertido en uno de los comentaristas (o trolls) oficiales de cada movimiento del mandatario. A esta altura, la escena recuerda más a una paquita de Xuxa siguiendo entusiasmada a la Reina de los Bajitos que a un intendente dispuesto a representar los intereses de su municipio frente al poder provincial.
Porque una cosa es acompañar a un gobernador cuando una obra beneficia a Tartagal. Otra, bastante distinta, es transformar el acompañamiento institucional en adhesión política sin matices.
Y hay una pregunta inevitable: ¿qué cambió? ¿Cambió Sáenz? ¿Cambió Tartagal? ¿Cambió Hernández Berni? ¿O simplemente cambió el lugar desde el cual el intendente mira al poder? Estas preguntas cobran todavía más fuerza cuando el mismo dirigente que ayer denunciaba que al Gobierno provincial “no le importaba el norte” hoy aparece militando sin fisuras la posibilidad de un tercer mandato de Sáenz. Demasiado vergonzoso.


