El 7 de mayo Eva Perón habría cumplido un año más. Quienes tienen secuestrado al Partido Justicialista de Salta han decidido ningunear a la histórica Comisión de Homenaje y hacer una fiesta en la Sede del partido en Zuviría 938 y no en el Hogar Escuela, creación de la propia Evita. Vale la pena, pues, detenerse en lo que era, antes de lo que el kirchnerismo hizo con ella.
Eva no fue una progresista avant la lettre. Fue algo más incómodo para las categorías descafeinadas del presente. Fue una mujer del Pueblo que creyó en la doctrina justicialista sin ambigüedad y sin fisuras, sin el relativismo que hoy se confunde con sofisticación intelectual. No negociaba con el liberalismo individualista ni con la izquierda vernácula abstracta que siempre ha rondado nuestra tierra. La comunidad organizada no era para ella un concepto filosófico. Eran los barrios, las fábricas, los hospitales, los hogares escuela. Era puro músculo, no teoría.
Lo que el kirchnerismo hizo con esa figura es uno de los mayores e imperdonables ejercicios de vaciamiento doctrinario de nuestra historia política. La convirtió en ícono de un progresismo posmoderno que la propia Evita hubiera rechazado de plano. Y así funciona ese progresismo. El antidogmatismo termina siendo el dogma más cerrado, el pluralismo termina siendo monolítico, la tolerancia termina siendo la intolerancia mejor disfrazada. Es la paradoja del movimiento construido sobre puras negaciones. No puede sostenerse sin volverse aquello que dice combatir y por ello está condenado a la extinción.
Perón lo había advertido a su modo. Una idea sin arraigo en la realidad social no es una idea sino que es una consigna. El kirchnerismo tomó los muertos, la estética y los nombres, y los rellenó con el recetario posmoderno. Política de identidades, feminismo de Estado, lenguaje inclusivo como sustituto de la redistribución real. Eva pedía que la devolvieran a su Pueblo. Le devolvieron hashtags.
Un peronismo que se avergüenza del pensamiento de Evita, es decir, de la familia, de la patria y de la comunidad con capacidad de organizarse no es peronismo. Es un progresismo con escarapela. Una farsa más. *Por Flavio Geréz


