La presencia de Cande Correa en Tartagal durante los festejos y sus recurrentes apariciones dan cuenta que tiene ganas de ser candidata el año que viene.
La exconcejal, cuyo paso por la función pública difícilmente pueda recordarse por proyectos trascendentes o iniciativas de peso, es una de las tantas ñoquis que tiene el gobierno y parece que no quiere dedicarse a otra cosa que no sea cobrar del estado.
Muchos recuerdan que cada vez que le tocaba tomar la palabra, la incertidumbre no pasaba por lo que iba a decir, sino por si lograría terminar una idea sin tropezar con ella en el camino.
Conocida por poner en debate la cantidad de hormigas que tiene barrio El Huaico y por su incapacidad para responder preguntas básicas sobre la ciudad.
Ahora apareció con el poncho en los festejos de la ciudad fronteriza y la pregunta quedó sobrevolando: ¿qué función cumple? ¿En calidad de qué fue?
La política salteña tiene una costumbre para nada decente. Hay dirigentes que, sin destacarse por su gestión, sin demostrar resultados, siempre encuentran una cargo disponible cuando se reparte el dinero público.
Mientras tanto, los vecinos siguen esperando gente que se ocupe en serio, con capacidad y no por la simple virtud de tener un lomazo como ella tiene.
De ser cierto que será candidata. la discusión ya no pasa solamente por los dirigentes que buscan seguir trepando. También pasa por una sociedad que debería mirar con más atención a quién le entrega su voto. Porque después de décadas de promesas recicladas, candidaturas armadas a fuerza de fotos y figuras que reaparecen elección tras elección , seguir eligiendo de esta manera parece un lujo que Salta no puede permitirse.
Por Susana Del Frari


