En sus redes sociales, Omar Exeni subió un video donde cuenta que se fundió con su emprendimiento pero luego se recuperó. Dice que el verdadero éxito consiste en levantarse después de cada caída y presenta su propia historia como la prueba de que nunca hay que bajar los brazos, aunque nada dice de dónde sacó la plata para volver a invertir.
Veamos un poco su historia. Cuando llegó a la Cámara de Diputados se conoció que arrastraba 125 cheques y una gran cantidad de comerciantes denunciaron que nunca pudieron cobrarle.
Por entonces, cinco exempleados denunciaron haber sido despedidos sin causa y señalaron maltrato laboral y paga en negro. Esas denuncias trascendieron públicamente y forman parte de su actual prontuario.
Con la llegada de la pandemia apareció el Programa de Asistencia de Emergencia al Trabajo y la Producción (ATP), creado para sostener empresas y preservar empleos durante el cierre de la economía. Exeni, pese a esto, fue beneficiario del programa en calidad de empleado de su propia empresa.
Mientras todo eso ocurría, la dieta legislativa llegaba puntualmente todos los meses y el dipu-fiambrin pasó a tener un ingreso mucho más previsible: el de la política.
Ahora cuenta que quebró y volvió a levantarse. Eso, en sí mismo, es cierto. Lo que no cuenta es que su ingreso no fueron las ventas exitosas sino las arcas estatales. Pero su recuperacion no solo se debio al dinero facil, para amasar unos buenos millones y no levantar la perdiz, Exeni se dio cuenta que tenia que usar su condición de tartamudo.
De esta manera en entrevistas, charlas y publicaciones puso el foco en las dificultades que atravesó; desde luego, eso ocupó más espacio en sus intervenciones que su producción legislativa, al punto redujo su intervención alrededor de cursos, conferencias y motivación personal.
Al final, el legislador que por estos días mantiene un affaire con la dipu dueña de la noche en Rosario de la frontera, demostró que de tonto no tiene nada. El problema es que hace rato parece convencido de que los tontos son los demás.
Habría que avisarle que la gente puede bancarse muchas cosas, pero no que la tome por ingenua. Parecemos tranquilos, no tontos, de eso, todavía, no tenemos ni un pelo.


