Gustavo Sáenz compartió la noche en el Festival de San Lorenzo con José Arturo Estabillo, el exgobernador de Tierra del Fuego cuya gestión quedó marcada por la muerte del obrero salteño Víctor Choque durante una represión y por una serie de cuestionamientos que terminaron incluso con su suspensión.
Ahí estaba, como si nada, compartiendo con el gobernador y su esposa Elena Cornejo; y por supuesto, también dijo presente Julia (o Julieta como se hace llamar) Valencia Donat, actual funcionario saencista, ex opositora y pareja de Estabillo. Todos distendidos como gente que evidentemente se conoce y se siente cómoda junta.
Estabillo gobernó Tierra del Fuego durante los años noventa y su gestión quedó marcada por la represión de una protesta de trabajadores despedidos ocurrida en Ushuaia el 12 de abril de 1995, cuando murió Víctor Choque, un obrero salteño. La jornada terminó con una intervención policial ordenada por él mismo que dejó además numerosos heridos y se convirtió en uno de los episodios más graves de la protesta social durante los primeros años de la democracia.
Más tarde, en 1997, Estabillo fue suspendido por la Legislatura fueguina en medio de acusaciones por irregularidades en una operación con bonos públicos. No es, por lo tanto, un jubilado más que llegó a San Lorenzo para escuchar música. Es un exgobernador cuya trayectoria tiene una página negra escrita con el nombre de un trabajador salteño.
De esta manera quedó demostrado que un muerto en la historia, una condena en los archivos y una noche de festival pueden convivir perfectamente si hay suficiente confianza.
A su lado, Julia Valencia Donat, que parece haber entendido bastante bien como acomodarse en la fauna salteña. Recordada por usufrutuar dinero público para cabañas que nunca dedicó a la actividad turistica sino donde ella misma vive, ahora se codea con el mandatario y comparté unos buenos vinos con la primera dama: Elena Cornejo.
La segunda pareja de Sáenz, que tiene un lugar dentro de la estructura estatal, aunque nadie puede encontrar con precisión qué gestión concreta tiene, representa la nada misma, o dicho de otro modo, representa cómo todas las mujeres de los muchados del poder tienen un cargo.
Pero tampoco hay que ser injustos. No todos los funcionarios están para hacer cosas. Algunos cumplen una función más difícil: demostrar que un organigrama siempre puede estirarse un poquito más.
¿Por qué Gustavo Sáenz elige compartir una noche de festival con un exgobernador cuya gestión quedó marcada por la muerte de un trabajador durante una represión y por posteriores cuestionamientos institucionales?
La respuesta, quizá, sea bastante más sencilla de lo que parece: a Sáenz no parece importarle demasiado con quién se sienta mientras esa compañía forme parte de su círculo de confianza.


