Verlos da vergüenza ajena. No porque hagan televisión, sino porque el resultado es tan pobre que uno termina preguntándose si realmente no tienen cosas más importantes de las que ocuparse.
Mario Moreno y el presidente del Tribunal Administrativo de Faltas, Cristian Abdenur, decidieron lanzar «Un Día Perfecto», un programa cuyo título genera expectativas que duran exactamente hasta que empieza.
Porque perfecto no tiene absolutamente nada. Al contrario: es una sucesión de errores, comentarios sin gracia y una conducción más aburrida que trabajo practico de estudiante de comunicaciones sociales.
Cualquiera puede probar suerte frente a una cámara. Lo sorprendente es la seguridad con la que avanzan, como si alguien les hubiera hecho creer que tenían un talento oculto para la pantalla. La televisión, sin embargo, suele ser bastante sincera: cuando no hay carisma, ritmo ni contenido, se nota desde el primer minuto.
Con las responsabilidades que implica el Tribunal Administrativo de Faltas y con tantos temas que preocupan a los vecinos, al parecer les sobra tiempo para embarcarse en una aventura televisiva que no informa, no entretiene y tampoco consigue despertar demasiado interés. Lo que sí despierta, en muchos casos, es una buena dosis de vergüenza ajena.
Los caprichos de los que cobran suculentos sueldos son una necesidad que se realiza de manera despotica como este ignoto programa. Tal vez la mejor idea que se le pueda cruzar sea apagar las cámaras y volver a concentrarse en aquello por lo que ocupan cargos. Los vecinos, probablemente, lo agradecerían bastante más que cualquier consigna del día berreta que se les ocurra.


