La versión salteña de La Libertad Avanza en el Concejo Deliberante sigue sorprendiendo. No por sus proyectos, porque casi no existen, tampoco por sus debates porque brillan por su ausencia. Sorprende porque no se les cae una iniciativa.
Primero improvisaron unos pedidos de informes como único horizonte. Después algunas peleas instrascentes, y ahora, como si el manual de prioridades estuviera escrito al revés, una de sus concejalas vuelve a ser noticia… pero no precisamente por una ordenanza.
Erica Castro no se le ocurrió mejor idea que publicar en sus redes sociales una fotografía en paños menores; y si bien cada persona hace con su cuerpo lo que quiere y tiene todo el derecho del mundo a vestirse, desvestirse y mostrarse como le parezca, el problema ocurre cuando la actividad política empieza a quedar completamente eclipsada, o mejor dicho, en segundo y hasta en tercer lugar.
La concejal investigada tiempo atrás por la contaminacion de su empresa -Contemax Group S.R.L.- firma señalada por arrojar residuos y basura en lugares prohibidos, parece más preocupada por su imagen, que por una agenda vecinal.
Al final, la experiencia libertaria salteña, es un espectaculo vulgar de contradicciones: prometieron una motosierra y apareció un cortaúñas; prometieron dinamitar todo y solo muestran ineptitud y cursileria.
Mientras tanto, la casta observa desde la platea: no porque esté haciendo un trabajo brillante, sino porque cuando el rival convierte cada paso en un tropiezo, a veces alcanza con quedarse sentado y mirar.
Por Susana Del Frari


