Uno intenta acordarse de un proyecto importante de Mónica Juárez y terminia recordando el día de la empanada o algún papelón.
La diputada saencista y convencional municipal, parece vivir en un eterno loop, donde salta de un escándalo a otro.
Y si bien nadie serio le presta atención, ella aparece ya se para defender al gobernador o para decir alguna estupidez.
La semana pasada le tocó función en los pasillos del Concejo Deliberante. Ahí terminó a los gritos con la concejal Agustina Álvarez, en una discusión tan ordinaria que parecía una frustrada sobremesa familiar y no un intercambio entre dirigentes.
La historia venía picada puesto que la encantadora incorporacion libertaria le tiró algunos palitos y por supuesto Juárez respondió por redes y decidió meter en el barro a familiares. Una fineza digna de un grupo de Facebook del 2013.
Los que estuvieron ahí cuentan que Álvarez le dijo de mínima «irrespetuosa». La corpulenta legisladora se puso como loca y quedó expuesta como eso que muchos sospechan: una persona con ganas de «quilombo» constante.
Todavía hay quienes recuerdan aquellas jornadas en su despacho con toda la estructura estatal para entregar bolsones como si fuera puntera del PJ. En cualquier lugar donde todavía exista un mínimo pudor, eso te deja en la cuerda floja pero aqui se la dejan pasar.
Pero Juárez siempre encuentra la manera de seguir adelante. Tiene una capacidad admirable para sobrevivir al ridículo. Una especie de inmunidad al papelón.
Entonces vuelve. Siempre vuelve. Con otro videíto, con otra defensa exagerada, otra pelea innecesaria.
Otro chisme de más, por ejemplo, contó (en el recinto de Diputados) que se lo curzó al gobernador tomando café con Horacio Aguilar, actual pareja de la ex madrastra de Agustina.
Según los dichos de la ex conductora televisiva, Aguilar le dijo que hay que dejar que Elena Davis Cornejo aprenda con el tiempo. Nuevamente un innecesario comentario y seguimos sumando.


