La subsecretaria de Derechos Humanos, Mirta Mejías, quedó envuelta en una polémica luego de pronunciarse sobre las pistolas Taser durante una entrevista en Infinito FM.
Todo ocurrió cuando los periodistas le consultaron si estaba a favor o en contra de la utilización de las armas de electrochoque, cuestionadas por distintos organismos de derechos humanos en el mundo por posibles usos abusivos y casos vinculados a torturas.
Lejos de rechazar la idea de manera tajante, Mejías respondió: “No es todo favor o en contra, acá no es blanco o negro”. Pero segundos después lanzó: “Yo sí estaría a favor”.
Tras esa declaración, los conductores le recordaron que las Taser son señaladas por organismos internacionales como herramientas que pueden derivar en prácticas de tortura o abuso institucional.
La tensión creció todavía más porque la discusión se dio justamente con la máxima responsable del área de Derechos Humanos de la provincia, un organismo que debería tener una posición clara sobre violencia institucional, uso de la fuerza y mecanismos de control estatal.
En la entrevista, por su tono de voz y sus nervios, dejó al descubierto no solamente una contradicción evidente, sino también la falta de una postura sólida sobre un tema sensible para cualquier funcionario..
La situación se volvió todavía más incómoda cuando le preguntaron por la expresión “derechos y humanos”, históricamente ligada al discurso de Jorge Rafael Videla durante la última dictadura militar.
En vez de contextualizar el peso histórico de esa frase o rechazarla de manera contundente, Mejías respondió: “No me interesa digamos entrar en debates”.
La funcionaria tampoco logró responder con claridad cuando le consultaron sobre la baja de imputabilidad. Primero evitó fijar posición. Pero minutos más tarde agregó:
“Si un chico tiene capacidad para votar también tiene que hacerse responsable de sus actos”.
Durante toda la entrevista, Mejías buscó justificarse señalando que no proviene del ámbito jurídico. “Yo soy psicóloga social, no soy abogada”.
Y explicó que llega al organismo con “otra mirada” pero no aclará cuál es: “Mi mirada es absolutamente social y empática”.


