La muerte de Matías Tejada, las denuncias contra la conducción del nosocomio y el pedido de vecinos para intervenir el hospital desataron una bronca que ya no distingue entre gerentes, funcionarios, legisladores o ministros.
Daniel Rallé conduce el hospital. Germán Rallé, su hermano, es diputado y vive de la política desde principios de los años noventa. Son más de tres décadas ocupando cargos , acompañando gobiernos, cambiando de jefe cuando hizo falta y conservando siempre un lugar. Lo que nunca apareció fue el gran cambio para Güemes.
Porque después de treinta años ya no alcanza con decir que «siempre estuvo». La pregunta es otra: ¿para qué estuvo?
Cuesta encontrar una obra que haya cambiado la historia del departamento. Cuesta recordar una pelea importante en defensa de Güemes. Lo que sí resulta fácil es encontrarlo siempre cerca del poder. Esa, probablemente, fue su mayor virtud política.
Mientras Güemes seguía esperando inversiones, empleo, infraestructura y un sistema de salud digno, Rallé fue perfeccionando el arte de permanecer. Hay dirigentes que hacen carrera construyendo un pueblo. Otros hacen carrera simplemente construyéndose una carrera. Y los resultados están a la vista.
El hospital hoy es noticia por las denuncias, por la desconfianza de los vecinos y por una crisis que ya nadie puede esconder. El problema no empezó con esta gestión sino que es el desenlace de años y años de dirigentes que administraron cargos sin cambiar ni siquiera una puerta en e nosocomio.
Germán Rallé es, quizás, el principal responsable junto con el ministro de Salud Federico Mangione. Ahora ni aparece, pero seguro lo veremos en elecciones apoyando alguna lista.
Treinta años no alcanzaron para cambiar el departamento, pero sí alcanzaron para demostrar que hay dirigentes que son expertos en una sola cosa: hacer que el tiempo pase… sin que pase nada.


