Hay que admitir que Darío Madile tiene un talento particular. Requiere práctica, requiere, sobre todo, una confianza admirable en la capacidad de olvido de los vecinos, y requiere oler de donde se puede colgar.
Esta semana volvió a demostrar su capacidad de oportunista. La avenida Ex Combatientes de Malvinas, una de las intervenciones más importantes realizadas por la Municipalidad en los últimos años, se convirtió en el escenario para subir a sus redes socailes.
Nadie en su sano juicio puede creer que pasó los últimos meses entre ingenieros, obreros y máquinas viales, la obra la hizo Emiliano Durand, sin embargo, ahí estaba Madile, aferrado nuevamente a lo ajeno.
En tanto, si uno repasa las sesiones del concejo, lo que aparece es una larga colección de declaraciones, homenajes, bizarreadas de José Garcia, denuncias por violencia de género, reconocimientos, adhesiones, saludos protocolares y esas discusiones que logran la hazaña de terminar sin haber modificado absolutamente nada.
Madile es parte de la «dirigencia» que lleva años ocupando cargos públicos mientras construye influencia, tiene a su familia enconchaba y su patrimonio crece exponencialmente en una provincia donde a la mayoría de la gente cada vez le cuesta más.
Sería interesante que por su dignidad- algo que parece no tener- explique cómo evolucionó su patrimonio, puesto que la política estatal es en su caso profesión permanente. ¿Qué declaró?.
A nivel nacional se pone el foco en analizar al detalle el patrimonio de Manuel Adorni, pero a nivel local nadie pide nada ni nadie rinde cuentas; uno de los primeros que lo debería hacer es Madile, o se encontró un pendrive con 400 mil dólares como el jefe de gabinete de MIlei?


