Julio Argentino San Millán asumió al frente del PJ y el partido estrenó autoridades nuevas, aunque conviene aclarar que “nuevas” es una palabra bastante generosa para un sello que reunió a caras conocidas desde hace décadas.
La asunción pareció menos el comienzo de una etapa política que una convocatoria urgente para avisar que la teta del Estado sigue dando leche y que había que estar cerca por las dudas.
Ahí estuvieron todos los oportunistas. Funcionarios, empleados del Grand Bourg, dirigentes que llevan tantos años orbitando alrededor de un cargo que ya deberían tener domicilio electoral dentro de la Casa de Gobierno, familiares de dirigentes, operadores y una fauna que, si algo sabe hacer, es detectar desde lejos dónde se está armano la rosca.
Porque el peronismo puede estar en crisis, sin votos, con menos afiliados y sin demasiadas ideas claras sobre qué hacer consigo mismo. Pero cuando hay actuar como si fuera un partido, la «militancia» (que en rigor nada tiene que ver con la noble actividad militante) resucita con una vitalidad que ni la ciencia explica.
Entre las nuevas autoridades apareció Eilif Riise, hombre del manejo del personal del Grand Bourg, alguien que conoce bien las altas que da Nicolas Demitropulos y que hasta hace poco era parte del equipo de Lilita Carrio.
También Soledad Troyano, casada con el secretario del vice gobernador, y siempre dispuesta a sonreir para la foto. Estuvo también Liz Mejías, subsecretaria de Derechos Humanos, que poco y nada hace sobre su materia; Margarita Vega, histórica secretaria administrativa de la Cámara de Diputados y quien dibuja los números en su oficina de calle Zuviria y Leguizamon; Antonio Hucena, del riñon del inefable Pablo Outes; además del «Tuty» Amat y Yolanda Vega, entre otros integrantes de esta nueva conducción.
Todos juntos. El nuevo PJ. O, si se quiere, una reunión ampliada de gente que conoce bastante bien las mieles del erario público.
Esa fue la sensación que dejó el acto. No había una multitud discutiendo cómo recuperar el peronismo, ni jóvenes debatiendo una nueva agenda, con la excepcion de Camila Morales, otrora militante del PO, ahora reciclada con un cargo inventado en la gestión Sáenz.
San Millán tendrá la misión de «conducir» este experimento. Una tarea compleja, porque deberá ordenar un partido donde conviven dirigentes, funcionarios, empleados estatales, familiares y aspirantes a lo que aparezca.
El viejo PJ, aquel de las unidades básicas, la discusión ideológica y la militancia territorial, parece haber encontrado una nueva forma de organización: primero veamos quién quedó adentro; después, si sobra tiempo, hablamos de peronismo.
La asunción tuvo aplausos, abrazos y esa clase de entusiasmo que, curiosamente, nunca se ve cuando hay que salir a convencer a alguien que no pertenece a la estructura estatal.
Pero para una foto de asunción, para un cargo partidario o para dejar en claro que uno sigue disponible, ahí sí.


